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jueves, 23 de agosto de 2012


La mujer cuando está sola frente al mar
mira el mar.
Se apoya  en una ventana y mira a lo lejos
en busca de la orilla invisible.

Si se la observa a sus espaldas
(sin que ella note nuestra presencia)
sus contornos resultan más promisorios
y con vaivén imperceptible, simula el movimiento de las olas.

Al verla de frente
vemos sus ojos brillar de una manera descarada
sin perder de vista su objetivo.
Entonces deseamos ponernos a su lado y contemplar el mar junto a ella
pero no nos atrevernos para no romper el hechizo.
La mujer que nos presiente decide mirarnos
y ansiamos meternos entre sus brazos
para tratar de ver el mar a través de sus ojos.