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lunes, 28 de noviembre de 2011

Calor

Nuestros cuerpos hierven en el calor de la pasión

pasión que nos toca, que nos envuelve

entre sus brazos de sexo y de fuego

que se enciende a medida que avanzo sobre vos

y tu cuerpo se retuerce y gime.



En este incendio sin cenizas, desbocado

mi figura se desdibuja dentro de tu cuerpo

tan real, tan sólido, tan ardiente y exasperado

que hace que el mío sea solo eso… una figura.



Cuerpo / senos / rostro / sábanas

enredados y ardientes

besos que se extasían y lenguas que se lamen

totales en tu calor y el mío

labios y dientes modelos

que juegan en el vaivén ardiente

y terminan llevándonos a la gloria.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Tres haikus

La luna brilla

en el cenit oscuro.

Cantan los grillos.



Las flores cantan.

Noviembre luminoso

las embellece.



En la pradera,

juegan alegres niños

entre las flores.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Llegará el día

Llegará el día, llegará

En que las banderas se unan alzando manos

Y llegue ese grito desde fondo de la tierra

Desde los surcos en los valles

También desde las ciudades

Conjurando un nuevo mundo / el soñado

En que la moneda se parta en mil pedazos

Y mil murmullos se conviertan en alarido

En grito de guerra / o de alguna otra cosa

Menos en injusticia.

Llegará ese día y serán felices

La mujer cansada de fregar ajeno

El minero enfermo de no respirar aire

Y el niño que cambie su hambre por libros.

Llegará ese día, llegará y serán felices

El labriego, el nuevo soldado, el joven, el viejo

Y la esperanzadora sonrisa de los maestros.

Llegará ese día, llegará, yo, te lo prometo.

viernes, 11 de noviembre de 2011

La señora muerte

Cuando conocí a Victoria ella tenía ochenta y cinco años. Había pasado casi toda su vida criando cerdos, en una pequeña chacra que había heredado de su padre. Junto a ellos también contaba con algunos animales de granja: unas cuantas gallinas, gansos, ovejas y alguna que otra cabra, pero su labor cotidiana habían sido los cerdos, sin contar nunca con un descanso, ella no sabía de francos ni de vacaciones.

Pero no es la historia de su duro trabajo la que quiero contarles, sino la de un aspecto de su existir que tiene mucho que ver con la vida misma y es su relación con la muerte.

La conoció de pequeña, ya que su madre falleció en su decimotercer parto cuando ella tenía solo tres años de vida. La vida del campo era dura. No se le dijo que su madre había hecho un viaje y que pronto regresaría, ni que era una estrella, ni que Dios se la había llevado para que como ángel pudiera cuidar mejor de ella, se le dijo que había muerto y que ya jamás volvería a verla, porque los muertos van bajo la tierra del camposanto y que de ahí, jamás salen.

Ella se sintió muy enojada con la muerte, no podía entender como esa señora había tenido el atrevimiento de quitarle a su madre que tanto la quería dejándola a ella sola.

Sus dos hermanas mayores se hicieron cargo de la casa, sus hermanos, a medida que iban creciendo se marchaban con su padre a trabajar al campo y prácticamente no los veía en toda la jornada.

Con Azucena, la mayor de sus hermanas (que era a su vez la mayor de todos los hermanos), guardaba la más franca relación de cariño, no se separaba de ella en todo el día, hasta que llegó Evaristo, que venía de Buenos Aires y comenzó el idilio. No recordaba muy bien el motivo de la llegada del muchacho, pero sí sintió celos por haberle arrebatado el cariño de su hermana. Un tiempo después Azucena quedó embarazada, Evaristo, cobardemente desapareció. Azucena apareció ahorcada en uno de los galpones pocos días después, de esta manera, la señora muerte volvía a rondar cerca de la niña.

La vida suele ser breve para quienes viven aislados y carentes de cosas básicas, como vivió Victoria. Poco a poco, se fueron yendo su otra hermana, víctima de una extraña enfermedad, dos hermanos y el padre, que falleció atropellado por un carruaje mientras trabajaba en el campo. Así Victoria había llegado a los quince años. Los otros hermanos se fueron a la ciudad y por una cuestión generacional seguramente la muerte ya los habría visitado por lo que fue quedándose sola, con los cerdos y los otros animales, sin embargo ya no le guardaba rencor a la señora muerte, es mas, la sabía inevitable y aprendió a tenerle cierto afecto y con ese afecto terminaron pasando el resto de sus largos años de vida.

Poco antes de morir me narró esta historia de la que no voy a ahondar en detalles por expreso pedido de ella. Al concluir me dijo:

-Al principio, aborrecía a la muerte, porque me había quitado a mi madre y a mi hermana, pero con el correr de los años aprendí a aceptarla e incluso a quererla. Hoy la veo incluso hasta esperanzadora. Siempre quise poder encontrármela cara a cara y sin embargo, aún, sigo esperando.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Entre las sombras

Tras buscar versos en mi almohada

y husmear en los rincones sin encontrar una palabra

que me explique ¿Por qué me hallo entre las sombras

de un verso estéril que no llega a destino?

recorro una y otra vez la casa de mis recuerdos

y el sótano de mi memoria que nunca falla

se presenta frío y húmedo, quizá como estuvo siempre

aunque no me hubiese dado nunca cuenta.

La pluma se me cae de las manos

y arrojo el papel al cesto por este exceso de carencia

ya pasará, me digo, volverán las musas de su recorrido infinito

me desvelo y se parten en mil pedazos aquellos viejos cuadernos

de otros tiempos cuando las musas estaban

de pie, siempre cerca tuyo y me doy cuenta

no son las musas… sos vos lo que me falta.