Seguidores

sábado, 7 de mayo de 2011

Ella

Ella estaba allí, apoyada en una de las columnas del loft, con su cabellera rubia, sus ojos verdes y la fina camisa desprendida. Sus senos hiperbólicos deslumbraban cubiertos con un sostén seductor. Sus labios entreabiertos llamaban a más, mucho más, como queriendo gritar su cautivante fuego, pero permanecían inmóviles, estáticos.

Él la veía a diario, cada mañana, y ella siempre estaba presente en la misma posición, en el mismo lugar.

Al principio solo la contemplaba pero poco a poco se fue animando a pronunciar alguna palabra en una voz casi imperceptible “hola mi amor ¿Cómo estás?”, “¡Qué hermosa sos!”, “Hasta mañana cielo”, pues sabía que el día siguiente ella estaría allí.

Alguna vez hasta se animó a soñar con ella. La encontraba en otro lugar y en otra circunstancia, entonces, se atrevía a acercarse a ella, buscaría seducirla y la invitaría a soñar juntos tantas cosas. Imaginaba sus lenguas jugueteando en sus bocas, recorriéndose la piel, gimiendo, gozando. Pero pronto debía volver a su mundo, a su rutina diaria, debía seguir camino a su trabajo conformándose con verla cada mañana en ese cartel publicitario de prendas de lencería.


domingo, 1 de mayo de 2011

El paraguas


Tengo mi paraguas

que me tapa de la lluvia

y evita que me alcance la nostalgia

con sus lágrimas de tiempo.

Tengo mi paraguas

y me lleva a todas partes

por si el recuerdo me inunda

o si la remembranza oscurece en una nube.

Él se viste de negro en tela fina

y su mango es mi arma y herramienta

el que empuño cuando llueve mi memoria

o cuando tu cuerpo cae en aguacero.

Tengo mi paraguas

lo uso siempre cuando ocurren estas cosas

y a veces también cuando llueve

de lluvia natural

de agua nube – tierra

de esas comunes

que en otoño abundan.