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viernes, 2 de septiembre de 2011

Una historia (inconfundible)


Había elegido para la ocasión su mejor atavío, aquel vestido turquesa que le sentaría muy bien con sus zapatos nuevos, los aretes y la cartera de cuero que había comprado para una ocasión especial como esta. Después de ducharse, se tomó su tiempo para maquillarse, como había aprendido algo de cosmetología, optó por aquellos cosméticos que la harían lucir perfecta.

Se sentía feliz, no hacía mucho tiempo que conocía a Jorge, pero intuía que había llegado el momento de que las cosas avanzaran, era inconfundible aquella alegría que manaba de sus poros, inconfundible la prisa de su corazón, inconfundible su ansiedad.

Se tomó su tiempo para vestirse, se perfumó, revisó su cartera para que no faltara nada, salió de su departamento, echo llave a la puerta, caminó hacia el ascensor que estaba justo en el piso, presionó el botón de planta baja, le transpiraban las manos, las secó con su pañuelo, al llegar descendió, se dirigió hacia la puerta del edificio, la abrió, se asomó por el porche a la vereda y comenzó a caminar por la misma; todo con una sonrisa.

A la vuelta de la esquina estaba la barra de pibes que siempre la molestaban, ella sabía que estaban allí, porque siempre estaban, sabía que al pasar por la vereda de enfrente le gritarían “marica” porque siempre lo hacían, pero como siempre, ella los ignoraría, los veía como si fuesen plantas o mejor aún, hierba mala que siempre crece en el lugar menos pensado.

Al llegar a la casa de él se acomodó el vestido turquesa y el orgullo la hizo erguirse un poco más. Tocó el timbre y él la recibió con un beso en la comisura de los labios, la hizo pasar y la invitó a sentarse en el sofá, se sentía una reina, era inconfundible su emoción, inconfundible el nerviosismo que la hacía parecer una adolecente inexperta, inconfundible que se estaba enamorando de él, tan dulce, tan tierno, tan caballero.

La mesa estaba servida, y de fondo una dulce música melódica aclimataba el ambiente, un rato después de conversar sobre bueyes perdidos el la invitó a sentarse a la misma y ella se sentó y sintió orgullosa. Comieron y conversaron durante un largo rato, todo era perfecto y nada podía romper esa armonía.

Un dedo de él que tocaba uno de ella. Alguna palabra suave. Una caricia sobre su rostro le acomodaba el pelo descubriéndole totalmente la cara llevó todo al lógico final. Fueron a la alcoba y ella se quitó su vestido turquesa, él también hizo lo mismo con su ropa. Ella jamás se había sentido tan amada, tan mujer.

Tras amarse durante toda la noche llegó la hora de partir, el momento de la despedida. Sobre la mesa que aún albergaba los platos y cubiertos de la velada romántica acomodó su cartera y volviéndose hacia él le preguntó “¿Cuándo nos volvemos a ver?” Pero para sorpresa de ella él se echó a reír “¿Cuándo qué?” inquirió juntando los dedos de su mano derecha y haciendo un movimiento vaivén de arriba hacia abajo “Tomatelá… puto” le espetó con una “u” prolongada lo que ampliaba la humillación.

Era inconfundible su ofensa, era inconfundible su dolor, era inconfundible su sorpresa llena de angustia y de pena.

Apoyada de espalda en la mesa, su mano avanzó lentamente mientras en sus oídos aún sonaban los insultos y la burla, y tocó el áspero cabo de madera de un cuchillo.

“Puto” le había dicho, destruyéndola. Su mano apretó con fuerza. “Puto”. Ceguera.

Sintió el peso del cuerpo de él y aflojó su mano, sintiéndola húmeda, manchada, viscosa.

Se acomodó su vestido turquesa, tomó su cartera de cuero y se marchó.

27 comentarios:

  1. Hola Claudio, que triste el texto que nos regalas hoy, pero tan real. Me pregunto cuantos corazones son destrozados de esta manera a diario en el mundo? Y si estas personas por llemarlos de alguna manera son concientes del daño que causan? Pero hay una justicia divina.

    Abrazos y feliz fin de semana.

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  2. Hola Claudio, una narración sorpresiva. Muy bien llevada sobre todo que hasta el final, ella se sintió mujer lo que hace que el lector se confunda un momento. y llegas al cierre y aún te persiste la duda. Me gustó bastante.

    Saludos cordiales Claudio.

    Hasta pronto.

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  3. Ilusiones perdidas, y oprobios.
    No sé quien fue más puto al final...
    Besos, Claudio.

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  4. Pluma: de eso se trata, por eso es (inconfundible) la idea es crear confusión hasta el final, además de mostrar en lo social mi aversión a la discriminación.

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  5. El relato está muy bien construido.
    Empieza suavemente y acaba feroz.
    Muy bueno.

    Saludos.

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  6. Hay amores que matan.

    Un relato lleno de sorpresas donde la/el protagonista nos muestra lo mejor y lo peor de los seres humanos.

    abrazos.

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  7. Tanta ilusão que acabou com tanta decepção e o vestido azul de turquesa, foi o que restou.
    É uma lástima!
    Beijos e bom sábado amigo.
    Carla

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  8. EXCEPCIONAL RELATO. SIEMPRE UN GUSTAZO LEERTE.
    UN ABRAZO

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  9. Muy buena historia. Con un final inesperado, pero merecido. Me gustó.

    Ale

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  10. ¡Glup...!

    Que final.

    Me encantó, una historia cercana a la realidad. Dolorosa y que querés que te diga: aplaudí el final.

    mariarosa

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  11. Curiosamente, eso también puede pasarle a una mujer, es muy real y visceral, me gusto mucho, también digo no a la discriminación de cualquier tipo, un abrazo,

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  12. Muy buen relato...
    Me dió tristeza por "la" "el".

    La humillación es algo que nadie debiera conocer...


    Un saludo.

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  13. Tem um ditado que diz que nunca devemos entregar pérolas aos porcos. Acho que exemplifica muito bem este relato.
    Bom domingo e linda semana que se inicia amigo Cláudio!
    :D
    Carla

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  14. Que buen relato!
    Me gusta, es contundente.

    Un beso!

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  15. Vaya...!!!
    que triste...

    me gustas mas cuando sos mas suave..

    Besos

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  16. sublime y bello relato nos regalas dulce y sensible poeta infinitas gracias por hacernos el honor de ser testigos de el, muchos besinos de esta amiga admiradora que te desea con cariño feliz inicio de semana.

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  17. Un relato impecable que toca las aristas de la realidad. Triste y muy bien contado. Un abrazo

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  18. un texto muy bien logrado!!!!
    excelente

    un abrazo

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  19. Muy bueno, conseguiste que navegara en el y tambien que deseara esa cita, al final muchas veces las cosas no resultan como nuesttro corazon desea..., la vida.

    Besitos.

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  20. Muy típica esa necesidad de humillar. Gratuita. Y ese final trágico no deja de tener su encanto. Enhorabuena, Claudio.

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  21. Un relato que hace plantearse hasta qué punto llega la ceguera de quien sentencia de esa manera. Los prejuicios son reflejo de quien los hace, no del prejuzgado.

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  22. Hola, una historia bella con tragico final. Asi suceden muchas historias en la vida. Besos, cuidate.

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  23. No he podido dejarte comentarios, no sé porqué, pero ya había leído tu historia, y te decía que el final es muy fugaz como duro, aplaudo el seguimiento que le das a los hechos.

    Saludos

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  24. infinitas gracias sensible y sublime escritor por regalarnos tan bello y profundo relato, muchos besinos de esta amiga admiradora que te desea con cariño feliz fin de semana.

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  25. me gustó su quiebre, y sí... es super real
    más de lo que uno cree , más de lo que la misma palabra lo dice

    cuántos hay ahora en ello?

    un abrazo y feliz fin de semana

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  26. Perdón, hay algo que no me quedó muy claro...

    Cual de los dos es más puto???

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