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sábado, 23 de octubre de 2010

La valija

Tu vieja valija
dijo adiós desde la puerta
sabiendo que al irse
dejaba un rincón al descubierto,
y al devorar tu ropa,
la mitad del ropero vacío.
Y lo peor de todo
es que te llevó a vos,
por lo que la silla
llora por tu ausencia
y la mitad de la cama
(esa que yo no ocupo)
me sentencia con su frío.

domingo, 17 de octubre de 2010

La batalla del tiempo

Porque el tiempo es una rueda
y rueda es eternidá -
y si el hombre lo divide
solo lo hace en mi sentir
para saber lo que ha vivido
o le resta por vivir.
(José Hernandez – Martín Fierro)

Gutierrez sabía que iba a morir. Aguardaba en su celda el momento de enfrentar el pelotón de fusilamiento. En su muñeca izquierda las agujas del pequeño reloj que Natalia le había regalado hacía un tiempo atrás, avanzaban de manera metódica, sin arrepentimientos.
Una hora quince, nada en los cuarenta y cinco años que le precedieron, los que eran nada a su vez en la inmensidad del tiempo del universo.
Miró con una ligera sonrisa la marcha inexorable del segundero. El delgado elemento plástico de color metalizado parecía ponerse en su contra.
Sabía que una firma, una simple firma sobre un papel detendría el tiempo, entonces sería él el que ser reiría de las agujas burlonas y severas.
Una hora con cuatro minutos, el frío ruido de las llaves en la cerradura de su celda le dieron paso a una sotana con sus artificios. La rechazó. Tiempo perdido, no era la firma, cincuenta y ocho minutos.
Se acostó en su catre y dormitó, entre sueños recordó la lectura de sentencia del tribunal marcial hasta los cuarenta y cinco minutos en el que volvió a mirar el avance de su enemigo. Entonces el que se paró frente a la puerta de su celda fue su abogado. Hasta el momento no había ninguna novedad. Le pidió que se retire. Quería estar solo con su reloj que se agrandaba y ocupaba todo el espacio de su celda.
Treinta y un minutos, un médico y un enfermero ingresaron a su celda para administrarle un calmante, les pidió que no lo hicieran, que se sentía tranquilo.
Se quedó sentado, mirando el reloj, concentrado en su movimiento infinito, incansablemente circular, hasta los dieciséis cuando los oficiales entraron en su celda y le pidieron que los acompañara. Las esposas en su espalda hicieron que perdiera su contacto visual, sin embargo las agujas continuaban su marcha ahora invisible.
El reloj, lejos de su vista aumentaba su peso en cada segundo convirtiéndose en algo insoportable.
Lo ubicaron frente al pelotón, dos minutos, rechazó que le colocaran la venda en su ojos. No era necesario. Se leyeron las causas y sentencia. Estaba solo con su reloj.
Unos metros a la izquierda, cercada por soldados, Natalia lloraba incontenible. A la derecha, el oficial al mando daba las órdenes, PREPAREN, diez, nueve, ocho, siete seis, APUNTEN, cuatro, tres, dos, uno, FUEGO.
Después del tiro de gracia, el oficial quitó el triunfante reloj de la muñeca de Gutierrez y se lo entregó a Natalia, que desgarrada por el dolor, caía desvanecida.

viernes, 15 de octubre de 2010

Amor Madre

Fue ese día, ese gran día
en que tu vientre lleno de amor
rompió su cántaro
en que dos gritaron ¡vida!
tú con sonrisa
y Él con llanto.

Madre caricia
Pañuelo para mis lágrimas
Amiga, compinche, confidente
Reto dulce, sonrisa en la palabra.

Has sido todo
eres todo
Serás todo
Porque tu amor es más que amor
Es Amor Madre.

Presente eres la búsqueda de vida
De la fe eres
la oración o la plegaría
Y cuando no estas, estás
Pues no te marchas
Sino que te duermes por un rato
Pues el tuyo es un amor que no se acaba.
Claudio

viernes, 1 de octubre de 2010

Barricada

Aquí estoy
me presento
soy poeta.
Me encontrarán con los obreros
de las manos gastadas
con los peones del campo
con los maestros
uniendo banderas
alzando las manos
latiendo pensamientos.
soy yo, el de siempre
aquí me tienen
llenándome como las calles
de coraje
en la barricada
pues soy
uno más de ustedes.